Patronos echan miles a la calle

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| Publicado el 30 marzo 2001

Edgardo Román

Bandera Roja
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La pérdida de miles de empleos ha sido la nota prevaleciente al inicio de año. En enero la empresa Intel de Las Piedras anunció el despido de 1,300 trabajadores. Otros 600 empleos se perderán por el cierre de las fábricas de Hanes en Guánica y 400 más en Playtex en San Sebastián. La fábrica de Mindy Lee en Las Marías, se ha sumado al listado de plantas de producción que han anunciado su cierre. Según fuentes de prensa, se han perdido unos 5,000 empleos desde enero de 2001 y un total de 22,000 empleos del sector de la manufactura en el último cuatrienio. Otra docena de empresas han anunciado su intensión de cerrar operaciones y se proyecta que más de 5,000 trabajadores serán despedidos. El Negociado Federal de Estadísticas de Trabajo ha informado que Puerto Rico está en la posición número dos entre 52 jurisdicciones de los Estados Unidos en lo que respecta a pérdida de empleos.

En Puerto Rico los obreros de la manufactura producen enormes ganancias, que reciben un trato contributivo preferencial. La sección 936 del Código de Rentas Internas Federal privilegiaba a las corporaciones norteamericanas que inviertan en las posesiones de los EE.UU. Dicha sección fue eliminada por el Congreso y los efectos de dicha determinación comienzan a sentirse ahora. Las ganancias son retenidas por las corporaciones y en la mayoría de los casos enviadas fuera del país. Ahora que se avecina el final de esos privilegios contributivos y ante la posibilidad de obtener mano de obra más barata, algunas empresas capitalistas extranjeras prefieren abandonar al país y operar en nuevos escenarios siempre propicios para la acumulación de ganancias. No se trata de cierres por quiebras, más bien se han anunciado que los despidos responden a políticas empresariales dirigidas a incrementar ganancias con menores salarios. El sureste asiático parece ser la nueva Meca de la explotación fabril.

El cierre de una fábrica expresa nítidamente la diferencia de clases existente entre el obrero y el patrono. Para las corporaciones no hay una crisis económica, más bien se trata de medidas estratégicas animadas por el fin de lucro. Para los obreros la cosa es muy distinta. El cierre de su fuente de ingresos tiene rudas consecuencias en su vida diaria. Muchos se enfrentan a la pérdida de su vivienda y a la quiebra. Las enfermedades asociadas a la depresión forman parte del cuadro al que se expone un trabajador despedido. Los cierres de las plantas manufactureras son un golpe al bolsillo de los trabajadores, que ahora se suman a la enorme lista de desempleados. Muchos no volverán a obtener un nuevo empleo y otros no tendrán otra opción que la del chiripeo, la emigración o la vida criminal.

Las estrategias de desarrollo económico de Puerto Rico han respondido histéricamente a los intereses de los capitalistas. Estos se animan a invertir a base de sus expectativas de ganancias. Muchas de las corporaciones son de capital norteamericano. Antaño los capitalistas explotaron la agricultura, particularmente la caña de azúcar. Cuando los precios del azúcar hicieron que Puerto Rico dejara de ser productivo para esos fines, los estrategas de la ecónoma iniciaron un programa de incentivos industriales basados en los privilegios contributivos. Muchas de las fábricas que hoy cierran ahorraron millones de dólares en contribuciones que no tuvieron que pagar. La estrategia de los años 40 ya no sirve. Puerto Rico se enfrenta a una nueva situación internacional en la que se destaca la movilidad extraordinaria de las mercancías y de la inversión. La globalización capitalista no respeta los derechos y necesidades de los trabajadores. Ante ese escenario, es necesario organizar una ecónoma socialista democrática globalizada donde los trabajadores tengan el poder de proteger sus empleos e incluso decidir sobre la distribución de las ganancias.

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