Puerto Rico fue sede de la última ventana clasificatoria para el torneo de baloncesto masculino AmeriCup 2025, a celebrarse en Nicaragua el próximo mes de agosto. El domingo se debió haber celebrado el juego final de la ronda de clasificación entre PR y Cuba. Este juego debió medir a dos equipos que llegaron con igual número de victorias y derrotas, por lo que se trataba de un juego de vida o muerte. Sin embargo, a pesar de haber realizado las diligencias oportunamente, se le negó el visados a 9 de los jugadores cubanos por lo que no se pudieron presentar al tabloncillo del Coliseo Roberto Clemente.
La FIBA tomó la decisión de confiscar el partido y concederle la clasificación a PR por este haber ganado el primer juego entre ambas escuadras con marcador 81-73.
Y así, por capricho del Departamento de Estado de los Estados Unidos, se nos negó al pueblo de Puerto Rico recibir al equipo cubano y celebrar el juego que definía la clasificación.
Esta no es la primera vez que sucede una situación similar. Nuestra condición colonial nos impide darle entrada a quienes queramos. Cada vez que nos comprometemos a realizar un evento internacional quedamos ante la vergonzosa merced de que los amos nos otorguen permiso de a quienes podemos invitar. Por más soberanía deportiva que hemos logrado alcanzar, nunca será plena hasta que seamos una nación libre y soberana.
A nivel deportivo se trata de un fracaso de la justeza de una competencia. Perder por razones ajenas al rendimiento deportivo y para colmo por razones estrictamente políticas va contra el espíritu deportivo que debe regir cualquier deporte.
Nuestra clasificación no se pudo celebrar como debe ser: cuando cae el telón al sonido de la chicharra. Procede cuestionarnos si es responsable pedir la sede de futuros juegos internacionales cuando no podemos garantizar la entrada de les atletas.