Le agradezco al compañero y amigo, Ricardo Santos Ramos, el honor que me hace al denominarme como “máximo dirigente del MST” en su contestación a señalamientos que le atañen a él en mi artículo “La Tragedia de Claridad”. Agradezco, pero no acepto, pues desde hace muchos años no ostento posición de liderato alguna en el MST.
Los planteamientos del compañero dirigente de la UTIER, lejos de molestarme, me dan la oportunidad de trabar un debate necesario entre las concepciones políticas que animan nuestras respectivas acciones en los sectores del movimiento obrero donde nos ha tocado batallar. Pero antes de entrar en la materia que más me interesa, tengo que desbrozar el camino, no sólo para poder avanzar, sino para que no quede duda sobre algunas cosas que, a riesgo de parecer demasiado incisivos, no podemos otorgar como válidas. Como diría Jack el Destripador, vamos por partes.