Presentación del libro Justicia Inconclusa no es Justicia

Vie, 2009-09-04 20:00
Edgardo Román Espada

2 DE SEPTIEMBRE DE 2009
COLEGIO DE ABOGADOS DE PUERTO RICO

Buenas Noches. Me corresponde presentar la más reciente publicación del Lcdo. Eduardo Villanueva Muñoz, Justicia Inconclusa No es Justicia, Fundamentos para la campaña por la excarcelación de los presos políticos. Agradezco la confianza dada, la que ciertamente ha servido de estimulo para estudiar con detenimiento las reflexiones contenidas en su texto y preparar esta breve reflexión.

Seré objetivo mas no pretendo, ni puedo ser  imparcial. Confieso que me unen lazos con el autor y con el tema del libro. Para empezar, al igual que el autor soy un abogado puertorriqueño, independentista y comprometido con la promoción de los derechos humanos. Además, el tema de la excarcelación de los presos políticos puertorriqueños marcó mi integración al movimiento independentista. 
Estando en cuarto año de escuela superior escuche por primera vez de la existencia de 5 presos políticos puertorriqueños y de una intensa campaña por su excarcelación. Como producto de la presión internacional generada por dicha campaña fue liberado por razones humanitarias Andrés Figueroa Cordero. Como muchos de ustedes recordarán, este fue indultado el 6 de octubre de 1977 cuando los médicos le daban dos semanas de vida,  y murió el 7 de marzo de 1979, a los 55 años de edad. 

Una de las primeras actividades políticas en las que participe fue asistir a su entierro en Aguada. Aquel evento marcó mi vida y desde entonces me identifico con el independentismo. Fue la primera vez que escuche el himno revolucionario. Pude ver la devoción y respeto con que se despedía a quien sin duda gozaba de la admiración y cariño de los asistentes. Poco después, otro preso político nacionalista, Don Heriberto Marín Torres, padre de un compañero de estudios, nos carreteaba a un diminuto grupo de estudiantes de escuela superior para que asistiéramos a los primeros seminarios de educación política que entonces ofrecía la juventud de Partido Independentista, dirigida por el ex presidente del Colegio de Abogados de Puerto Rico, Carlos Mondriguez.

Y es que los presos políticos han estado presentes en la formación y desarrollo de miles de puertorriqueños. No se trata de seres distantes o ausentes de la lucha. Los presos políticos han sido en un sentido como los profetas del Antiguo Testamento: voces incomodas para quienes ostentan el poder. Su encarcelamiento denuncia que la democracia antagoniza a la colonia. Hay presos políticos porque hay colonialismo, hay presos políticos porque se nos impone un régimen capitalista y explotador, lo uno va de la mano de lo otro. Los presos políticos representan la ausencia de docilidad y servilismo de la clase trabajadora puertorriqueña. Los ricos y poderosos nos gobiernan pero no nos representan. Permítanme entonces, en un primer momento, dedicar estas palabras a manera de agradecimiento póstumo a Andrés Figueroa Cordero y dar un abrazo caluroso a Heriberto Marín Torres por su ejemplo y valor, y por ser fuente de estímulo en mi vida y en la de miles de otras personas. Mi respeto, cariño y admiración a los presos políticos de ayer y de hoy, a Oscar López Rivera, Carlos Alberto Torres y Avelino González Claudio.

La vinculación de la lucha por la promoción de los derechos humanos y por la independencia de Puerto Rico, además de impedir mi imparcialidad ante este escrito, requiere de un comentario introductorio. Afirma con sobrada razón Eduardo Villanueva en el inicio del primer ensayo del libro que: “Quienes dedican su vida a luchar contra el coloniaje son iconos de la defensa de los derechos humanos de una nación.” (página 4). Al que agregamos que ello es así no sólo porque la lucha contra el coloniaje es una de derechos humanos, sino porque los independentistas han estado históricamente vinculados a su promoción. Tales son los casos de Ramón Emeterio Betances Alacán, padre de los pobres y los negros, quien fue un devoto e incansable promotor de la abolición de la esclavitud, o de los miles de desobedientes civiles de Vieques, entre los que se encuentra el autor, como de  los universitarios que han repudiado el servicio militar obligatorio y la presencia del ROTC en el recinto, o de los independentistas vinculados a las luchas de rescate de terrenos como la de Villas del Sol en Toa Baja, o a la defensa del derecho a la fianza o al rescate del acceso público a nuestras playas o a la oposición a la pena de muerte o a la promoción de los derechos de la mujer, o en la lucha contra el discrimen contra los homosexuales, o en las diversas experiencias solidarias con pueblos en lucha. En todas y cada una de ellas hay personas identificadas con un independentismo que trasciende a la lucha por un mero cambio en la relación con los Estados Unidos. 

Además, el independentismo ha logrado en muchas ocasiones ser exitoso en convencer a otros sectores sobre la necesidad de incrementar la defensa de los derechos humanos. La lucha por la excarcelación de los presos políticos ha ilustrado como desde el independentismo se ha cristalizado un apoyo pluralista para una campaña que nace de una propuesta de defensa de los derechos humanos. Para muestra les invito a leer las últimas 32 páginas del libro, en las que se documenta el apoyo a la causa por la excarcelación de los presos políticos puertorriqueños más allá del independentismo.

El libro está compuesto por unos cinco ensayos, seis memorias, catorce artículos de prensa, cinco ponencias ante el Comité de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas, diez resoluciones, cuatro cartas, y cuatro fotografías de actividades, en ciento treinta y cinco páginas “que reflejan el amplio consenso que ha generado la campaña” (página 134) por la excarcelación de los presos políticos en y fuera de Puerto Rico. La solidaridad, militancia y el compromiso de los compañeros y compañeras del Comité Pro Derechos Humanos cuenta con un merecido homenaje en esta obra y motiva a su emulación.

Una lectura de los escritos de Oscar López Rivera y Carlos Alberto Torres incluidos en el libro permite al lector entender el compromiso de ambos por una promoción de los derechos humanos unida e inseparable de sus convicciones independentistas.

Por ejemplo, las palabras de Oscar López, producto de un ayuno, retumban en contra de la pena de muerte. “Cuando ayuno me gusta practicar la introspección. Fijé mis pensamientos en este lugar. Lo primero que saltó a mi mente fue el asunto de la pena capital. En esta mazmorra almacenan a los presos federales condenados a muerte. Hay unos treinta (30) encerrados esperando el día de su ejecución. No sé quienes son ni porque fueron sentenciados a muerte. Pero me duele hasta el tuétano saber que aquí hay seres humanos encerrados día y noche esperando que se les llegue el día de su asesinato. Sobrevivir de esa manera tiene que ser pura tortura. ¿Tortura? ¿Qué hacemos para abolir la pena de muerte?”  (página 19).

Ese mismo Oscar López denuncia el colonialismo servil en otro de los artículos incluidos en el libro al afirmar “Antes de definirme como un puertorriqueño malo (el gobierno federal) me consideró que era bueno. Era bueno porque aceptaba mi condición de ser colonizado y no hacía nada por desencadenar mi mente, mi voluntad y mi espíritu. Era muy bueno porque trabajaba, pagaba impuestos y ni siquiera chistaba cuando veía que se cometían injusticias contra puertorriqueños y cuando las experimentaba en carne propia…No fue hasta que comencé a protestar en contra de la guerra y a luchar en la comunidad que el gobierno comenzó a definirme como un puertorriqueño malo.” (página 24).

El escrito de Carlos Alberto Torres nos recuerda aquellas palabras de Eduardo Galeano (La canción de los presos) quien al escribir sobre los presos políticos uruguayos decía “Mala noticia para los ingenieros del horror: la máquina de la muerte produce vida. Cada piecita luce intacta y en su sitio, se han revisado y aceitado los engranajes, se han seguido al pie de la letra las instrucciones de los técnicos internacionales de mayor experiencia y prestigio. Sin embargo, ahí está aleteando, más viva que nunca, el alma humana. Hombres aislados, torturados, cotidianamente sometidos al tratamiento de la destrucción, responden creando.”
La voz de Carlos Alberto Torres responde creando arte para combatir el encierro y promover la cultura. “El arte me ha ayudado a enfrentar estas terribles circunstancias de mi entorno de una manera positiva y optimista. Cuando culmine este encierro físico mi meta, mi deseo y sueño es continuar con la alfarería y participar en el desarrollo de mi comunidad.  Tengo mucho que aportar al enriquecimiento y preservación de mi cultura a través del arte.” (página 25).
Eduardo Villanueva nos lleva a conocer la humanidad de Oscar López y Carlos Alberto Torres, cómo combaten el encierro y la opresión de sus carceleros y comprender “cuál es su compromiso con nuestro pueblo y el valor de su entrega generosa a la tradición histórica de centenares de presos políticos que hemos tenido a través de varias generaciones.” (página 17).

El libro incluye unas memorias sobre las visitas del autor a Carlos Alberto Torres y Oscar López que hace recordar la frase lapidaria de Eduardo Galeano sobre los presos políticos del Uruguay: “La cárcel ha enseñado, muy duramente, a encontrar la esperanza en la barriga de la desgracia.”

El libro nos coloca en la privilegiada silla de los testigos de una voz firme que denunció el colonialismo y requirió la excarcelación de los presos políticos puertorriqueños ante la ONU. Constituye, además, un importante punto de partida para la reflexión sobre los fundamentos de esta campaña, y sus frentes de lucha. En palabras de su autor “Esta obra pretende contestar preguntas sobre quienes son nuestros prisioneros políticos y motivar a todo buen puertorriqueño a que se una a la campaña por su excarcelación.” (página 15).

La selección de ensayos y demás escritos incluidos en el libro explica porque “Carlos Alberto y Oscar son prisioneros políticos, cuáles son los ideales que los llevaron a prisión, las condiciones de tortura y sufrimiento que les ha tocado vivir y el apoyo amplio que ha tenido en el pueblo de Puerto Rico el reclamo por su excarcelación.” (página 14).

Carlos Alberto Torres, Oscar López, Avelino González Claudio y otros tantos que les han precedido son o han sido considerados presos políticos por diversas razones. Nos recuerda el autor, que el coloniaje “es un delito internacional y una violación de los derechos humanos del país intervenido.” (página 4). La ponencia de 2005 ante la ONU destacaba que “En el derecho internacional, una persona puede ser encarcelada y considerada preso político bajo diferentes categorías: por la organización política a que pertenezca, por la motivación política de sus acto, o por la manera en se le trate, tanto en la cárcel como en lo severo de la sentencia aplicada, al compararse con delitos comunes.” (páginas 64 a 65). En el caso de los tres presos políticos actuales, se dan la totalidad de estas circunstancias.

Oscar López fue condenado a 70 años de prisión, doce de los cuales estuvo en aislamiento total; Carlos Alberto Torres fue sentenciado a 78 años de cárcel. Ambos han sido torturados, sometidos a tratos humillantes lesivos a su dignidad como persona y sujetos a penas desproporcionadas. A Avelino González Claudio se le ha negado servicios médicos indispensables para atender su salud.

En la ponencia de 2009, el autor advirtió al Comité de Descolonización de las Naciones Unidas que los presos políticos puertorriqueños “son luchadores contra la militarización del territorio puertorriqueño, contra la pena de muerte por imposición, contra la usurpación de terreno nacional de Vieques y Culebra, es decir, contra todos aquellos que definen un régimen colonial en su patria.” (página 95).

Se recoge en el libro un axioma que hemos corroborado en otras circunstancias “El pueblo de Puerto Rico, más allá de sus preferencias políticas, cuando se le plantea una causa de violación a los derechos humanos, de protección de los derechos civiles adquiridos, o de combatir una crasa injusticia, ha respondido consecuentemente, generando un frente amplio de consenso para defender cualquier patriota puertorriqueño que sea objeto de una injusticia o que esté en peligro de que se violen sus derechos, humanos o constitucionales.” (página 5).  La experiencia del Comité Pro Derechos Humanos ha sido que “la solicitud de excarcelación de nuestros presos políticos es un asunto de derechos humanos que genera consenso en el pueblo puertorriqueño.” (página 35).  He sido testigo de ello. La Coalición Puertorriqueña Contra la Pena de Muerte, a la que pertenezco desde su fundación en el 2005, ha contado con el apoyo de todos los sectores políticos, religiosos, profesionales, comunitarios y sindicales. Desde las Hijas Católicas de América, el Club Cívico de Damas de Puerto Rico y la Federación Puertorriqueña de Espiritistas, organizaciones que menciono sólo para dramatizar la certeza del axioma. 

Ese consenso ha venido precedido de una campaña honesta y franca que no oculta posiciones políticas, ni pretende el engaño de nadie.  Se afirma sin medias tintas que “el delito de conspiración sediciosa es uno político, asociado a las creencias del convicto.” (página 56).

La condición de prisioneros políticos es entendida además debido a que las sentencias de Oscar y Carlos Alberto son desproporcionadas al cargo imputado. Para dramatizar este hecho, se ha destacado que el ex presidente Bill Clinton al liberar a once presos políticos luego de 19 años de prisión calificó sus sentencias de desproporcionadas, por lo que los 28 años que lleva Carlos Alberto y los 27 de prisión de Oscar López son sin duda “una pena cruel e inusitada, lo cual es contrario al derecho constitucional norteamericano.” (página 57). Se trata de una “condena inaceptable y contraria a todo sentido de justicia y de proporcionalidad con el acto imputado.” (página 33).

La excarcelación de los prisio eros políticos en 1999 demostró la calidad extraordinaria de estos hombres y mujeres. Nos recuerda el autor que “Los prisioneros que fueron liberados en 1999 se han integrado a la comunidad exitosamente. Son maestros, artistas, deportistas, educadores comunales, y se han ganado el respeto de todo su pueblo, conjugando su compromiso con los ideales que sustentan y a la vez su deseo de servir al pueblo de manera productiva.” (página 33).  La generación anterior de presos políticos demostró iguales atributos.

En el primer ensayo, Eduardo Villanueva explica la razón por la cual aun no se produce la liberación de los presos políticos Oscar López y Carlos Alberto Torres. Reconoce el autor que en la administración del gobierno federal prevalece un “clima anti derechos civiles y una resistencia granítica a cualquier argumento de derechos humanos que pueda ver a la presidencia o al gobierno como ente débil o compasivo. Ese enquistamiento del gobierno y su presidente frente a la fuerza del cambio o de apertura con las minorías, es reforzado y presionado por el aparato militar, corporativo y de inteligencia que se proyecta a través de los grupos de presión.” (página 10). Contrasta esa circunstancia con el clima de apoyo obtenido en Latinoamérica a la campaña de excarcelación. En el plano internacional este contraste ha redundado en un argumento esgrimido ante la ONU en el 2007, a manera de una interrogante punzante, “¿Cómo es posible que se pretenda intervenir y dictar pautas en los asuntos internos de otros países en materia de derechos humanos, mientras se mantiene prisioneros políticos en las condiciones que he descrito para Oscar López, Carlos Alberto Torres y José Pérez? ¿Con qué autoridad moral, con qué consistencia puede un país pretender erigirse en política del mundo, en ejemplo de derechos humanos, si violenta los más elementales derechos de un pueblo intervenido como Puerto Rico y de aquellos que han utilizado el sagrado derecho, que reconoce la legislación internacional que el de combatir con todos los medios el régimen colonial?” (páginas 82 a 83).

Ante el nuevo gobierno de la vieja maquinaria del estado federal, Eduardo Villanueva lanza la propuesta  de “incrementar la presión política para que nuestros tres congresistas puertorriqueños, que son demócratas, soliciten una reunión personal con el Presidente Obama y le reclamen que proceda a la excarcelación inmediata de nuestros prisioneros políticos.” (página 11).

En el plano nacional, el autor invita a reforzar la lucha para que el gobernador de Puerto Rico y el Comisionado Residente hagan un reclamo de excarcelación al presidente Obama. En ausencia de una conmutación de la pena, de un indulto presidencial o de una libertad condicional, los presos políticos esperan demasiados años adicionales de prisión. En el caso de Oscar López Rivera la sentencia vence en el 2027, cuando este cuente con 84 años de edad. En el caso de Carlos Alberto Torres, la sentencia vence en el 2024 cuando cuente con 72 años de edad.

Ninguna campaña para excarcelar presos políticos ha sido fácil. No creemos que esta lo será. Sin embargo, en nuestro acervo histórico contamos con experiencias exitosas que lograron la conmutación de la pena de muerte impuesta a Oscar Collazo en la década del 1950, la conmutación de penas estatales impuestas a presos nacionalistas en la jurisdicción del E.L.A. en la década de los 60, el indulto presidencial a los presos nacionalistas en el 1978 y 1979, y la excarcelación de los presos políticos y de guerra en el 1999. La experiencia ha ido acumulando conocimientos sobre la conducta de las esferas del poder en Washington, sobre cómo desarrollar alianzas y fortalecer la presencia pública de la campaña. Como dice el proverbio árabe, libros, caminos y días dan al hombre sabiduría.

La historia de esa experiencia de lucha del pueblo de Puerto Rico, cuenta ahora con un nuevo texto que testimonia que la campaña por la excarcelación de los presos políticos continuara en los tiempos del presidente Obama. 

Quisiera terminar con una expresión del autor en ocasión de una de las marchas promovidas: “Quien ha dado todo por su país, quien ha vivido en pobreza, quien ha sido privado del amor de los suyos, merece el respeto y la solidaridad de su pueblo.” (página 34).

Muchas gracias a ustedes por su atención, a los compañeros y compañeras del Comité Pro Derechos Humanos por su celosa militancia y a Eduardo Villanueva Muñoz por el regalo de este libro. Buenas Noches.

San Juan, Puerto Rico, a 3 de septiembre de 2009.

Edgardo Manuel Román Espada

*El autor es miembro del Movimineto Socialista de Trabajadores - MST