Indignarse no es suficiente

A organizarnos para luchar y vencer

Vie, 2009-09-04 20:00
Ricardo Santos Ortíz
Movimiento Socialista de Trabajadores-MST

Nota Editorial: El siguiente escrito es una reproducción del mensaje pronunciado por el Compañero Ricardo Santos Ortiz, miembro del Movimiento Socialista de Trabajadores. El mensaje fue pronunciado en el pueblo de Cataño, en la 47Vigilia por la Dignidad Filiberto Ojeda Ríos.


Muy buenas noches, compañeras y compañeros.  Bienvenidos nuevamente a la humilde cuna de mi madre y mi padre: CATAÑO. No puedo comenzar este discurso sin agradecer a las personas que depositaron en mí la tarea de brindar homenaje al compañero Filiberto Ojeda Ríos en esta actividad donde los y las catañeses nos unimos a las previas 46 vigilias de honra y denuncia que consistentemente se han estado realizando a raíz del asesinato de nuestro compatriota Filiberto.

Quiero felicitar a todas las personas que han participado en la organización de las vigilias a lo largo de todo este tiempo.  Estoy seguro, que al igual que para ésta vigilia, la calidad de los seres humanos que han participado en la organización de esta actividad, es insuperable.  Los nombres se encuentran en el programa de la actividad.  Estas personas, desde el anonimato, sin pedir permiso, ni esperar señales, siempre han estado poniendo su grano de arena en la consecución de las metas revolucionarias de nuestro pueblo.  A ellos y ellas debemos agradecerle por estas actividades y por muchas otras cosas, algunas “pequeñas y silenciosas”, pero imprescindibles.
   
Me uno a la dedicatoria que en el día de hoy se le hace a un selecto grupo de patriotas catañeses, quienes desde sus trincheras, adelantaron la lucha e hicieron patria.  Abuso de esta oportunidad para resaltar a quienes en vida fueron don Juan y doña Rosa.  Mis abuelos que hace muchos años llegaron de Ciales y convirtieron este pueblo en la casa de sus 5 hijos y 11 hijas, entre ellas, mi madre Charo.  Estas personas especiales hoy viven en nuestros corazones.  Ambos murieron, al igual que Filiberto, con la conciencia tranquila del deber cumplido.  Haber levantado una familia, haber cumplido con el compromiso patriótico, son satisfacciones que nadie les pudo quitar.
Nuestra familia está de luto, toda vez que abuela Rosa falleció el pasado viernes y aún se encuentra en capilla ardiente.  Sin embargo, gente de la madera de abuela sabe que el deber patriótico no descansa y que hoy, desde esta tribuna, le enviamos el mayor homenaje que su pueblo adoptivo le pueda brindar.

Cataño: pueblo pequeño, pueblo olvidado, pueblo esquineado.  Quizás por eso los y las catañeses tenemos tanto orgullo de nuestro pueblo.  Al igual que todo pueblo oprimido, como lo es el conjunto de islas que conforman a Puerto Rico, se convierte en una necesidad levantar la autoestima de nuestro pueblo, para evitar que nos creamos los cuentos de inferioridad que el imperio y la loza de San Juan nos endilgan.  Sin embargo, yo les digo: que con esta gente como la de Cataño, ¡quien no se va a sentir orgulloso!

Pero, hoy no venimos a rendir tributo a nuestro pueblo, es nuestro pueblo quien rinde tributo a Filiberto y su legado. 

Hace casi cuatro años que todos los presentes conocimos del operativo federal que culminó con el asesinato premeditado del dirigente del Ejercito Popular Boricua-Macheteros.  La fecha, 23 de septiembre de 2005.  Uno de los agentes que dirigió el operativo lo fue el hoy Superintendente de la Policía colonial, José Figueroa Sancha.

Debo señalar que, como revolucionarios que aspiramos no sólo a grandes cambios en las relaciones de poder en la sociedad, también debemos aspirar al desarrollo y evolución del espíritu del ser humano.  Debemos ser mejores hombres y mujeres.  Una característica que debemos erradicar es el odio y el rencor a otros seres humanos.  Sin embargo, no por ello debemos dejar de llamar las cosas por su nombre y el actual jefe de la policía no es otra cosa que un asesino y un alicate del imperialismo yanqui.  No hay que odiar para decir la verdad.

Si Fortuño depositó la confianza en este señor, nosotros y nosotras no tenemos porqué hacer lo mismo.  A este criminal, ¡nada de confianza!  A este bandolero ¡nada de respeto!  Quién crea que un agente de la policía política del imperio se preocupa por la criminalidad, por encima de la persecución de los sectores revolucionarios, se equivoca.  El disfraz de súper es sólo el instrumento para garantizar el control federal de los procesos políticos que se puedan estar dando en nuestro País.

Es por esto que hago un llamado a cuestionar, en todo momento, la legitimidad de quien actualmente dirige la policía.  En lo concerniente a quienes luchamos por la independencia y el socialismo, Figueroa Sancha es un soldado más del imperio, y quien se mete a soldado sabe que está sujeto a las consecuencias de la guerra.

Filiberto fue un combatiente.  Como combatiente sabía que estaba sujeto a las consecuencias de la guerra.  Por eso murió con las botas puestas y el cañón en la mano.  Como en muchas misiones, la muerte no lo sorprendió, simplemente esta vez no la pudo evadir.  Debemos recordar que Filiberto fue un hombre de palabra y acción.  Un pitirre que sabía que en la cárcel su canto no era efectivo.  Por eso, resistió en todo momento el convertirse en un prisionero político.  Sabía, al igual que lo saben nuestros presos políticos actuales, que si bien la lucha se puede dar desde la cárcel, es desde la calle que más eco tenemos. 

Recordemos el notorio juicio que se le celebró a Filiberto en la corte federal por alegadamente haber herido a un agente federal en el momento que “intentaban arrestarlo”.

Digo “intentaban”, entre comillas, porque hoy tenemos la certeza que sólo brinda el tiempo, de que el objetivo siempre fue matar a Filiberto.

En ese juicio, ante un jurado de hombres y mujeres puertorriqueñas, Filiberto no contrató a Mr. Green y su bufete para que lo sacara del aprieto.  Filiberto, aprovechándose de su gran capacidad intelectual, de su confianza en su gente y del apoyo de valiosos compañeros y compañeras abogadas, dirigió su defensa legal y logró salir absuelto al probar varios elementos de fabricación y que sus actos fueron en legítima defensa.

Filiberto peleó como gato boca arriba para zafarse del encierro y cuando le condicionaron su libertad y movimiento a un grillete electrónico, se lo desprendió y retomó el clandestinaje para poder seguir aportando a la lucha.
Recuerdo de niño el júbilo y la emoción al saber que ese mítico patriota burló nuevamente la seguridad del imperio y se les esfumó en sus narices para continuar dando la batalla.  Desde entonces, hasta su muerte, conocimos a Filiberto a través de los discursos grabados que misteriosamente se difundían en la tribuna de Lares.  Confieso que como niño la emoción me embargaba cada vez que sabía que Filiberto seguía vivo, cimarrón y haciendo de las suyas contra el imperialismo yanqui.  Son cosas que formaron la conciencia y el imaginario de muchos niños y niñas que conocimos a Filiberto en sus últimos años.

Pero Filiberto no es un personaje de historietas juveniles; Filiberto tenía una concepción política y de lucha bien clara y por eso estamos hoy aquí.  La lucha armada, como medio para obtener la libertad de nuestro pueblo, fue y seguirá siendo un método de lucha irrenunciable.  Los pueblos oprimidos y la clase obrera no deben rendir sus herramientas de lucha porque simplemente estén vedadas por el estado de derecho imperante.  ¿Quién hace las leyes?  ¿Quién define lo que es terrorismo o patriotismo?

A modo de ejemplo, la Constitución del pueblo Hondureño provee el “derecho” a levantarse en armas ante el gobierno.  Hoy, vemos como un gobierno golpista se asienta en el poder  y a pesar del consenso mundial, el golpismo sigue intacto.  Hay ocasiones en que la diplomacia es inefectiva y los pueblos tienen que recurrir a las armas para hacer valer sus derechos.  El poder no se deposita en constituciones o tratados, el poder se deposita en el pueblo, todo lo demás son dictaduras de clases o de claques.  El ejemplo de Honduras, al igual que muchos otros, nos alertan que el poder no se gana o se pierde en las urnas, el poder de se tiene o no se tiene.  La meta de nosotros es lograr que sea nuestro pueblo, dentro de un marco de absoluta democracia y participación política y económica, quien obtenga el poder.

Más que entrar a discutir la visión política de Filiberto, asunto que reconozco no soy el más versado, prefiero acentuar los atributos de un hombre y compañero, que son esenciales para cualquier revolucionario.  Atributos que todos debemos cultivar.

Quizás, su mayor atributo como revolucionario lo fue su disposicion de entregarlo todo por la causa.  Esa característica que siempre sobresalta de todo ser humano admirable: el desprendimiento a favor de una causa mayor.
Yo tengo la dicha de conocer muchas otras personas que tienen esta característica esencial de un revolucionario.  Algunas de ellas se encuentran aquí presentes.  Sin embargo, reconozco que son pocas las figuras que ante los ojos de nuestro Pueblo tienen este nivel.  Por eso, es que aquel 23 de septiembre del 2005, hubo duelo nacional.  Porque nuestro Pueblo, de todos los sectores, reconoció que nos arrebataron a un ser genuino y fiel a sus ideales.

Para que nosotros y nuestro Pueblo puedan lograr esa disposición de entrega, necesitamos mucho más que canciones patrióticas y banderas ondeando en el aire.  Los objetivos de una patria libre y socialista emanan sobre todo de la razón, más que de los sentimientos.  Por lo tanto, es fundamental que abonemos a la educación de nuestro Pueblo.  Los pueblos se educan de miles maneras.  Esta actividad es ejemplo de ello.  Hay que ir a todos los pueblos, a cada comunidad y centro de trabajo, para llevar el mensaje.  A la misma vez, los revolucionarios debemos educar con el ejemplo.  Ser revolucionario es cuestión de cada segundo.  La consistencia y el ejemplo son fundamentales para que nuestra gente, en especial la juventud, reconozcan modelos superiores de convivencia.  En la comunidad, en el centro de trabajo y con la familia debemos demostrar lo que proponemos.  Si hoy conmemoramos esta vigilia es por la consistencia de Filiberto.

Hay veces que el ejemplo no lo dan las figuras o los dirigentes.  Muchas veces diría yo, el ejemplo viene del propio pueblo y es nuestro deber hacer constar dicho esfuerzo.  A pocas millas de aquí, en Toa Baja, una humilde comunidad se levanta, como el sol de la mañana, a defender su terruño.  El nombre de la comunidad, no es Paseo Caribe, se llama Villas del Sol.  Caras de gente humilde que con esfuerzo hicieron lo que en mal español los gobiernos de turno repiten como el papagayo: se “empoderaron” de sus viviendas.  Gente que no se sentó a esperar por la responsabilidad del gobierno de conseguirles una vivienda segura y que cuartón a cuartón de madera construyeron sus casas y su comunidad. 

A esas personas, mal llamadas invasoras, y que en realidad son rescatadoras de tierras, hoy debemos rendirle homenaje y aprender de su ejemplo.  ¡La tierra es de quien la cultiva y verdaderamente la necesita!

Hago un llamado a darle la mano a Villas del Sol.  Algunos voceros de los grandes intereses han reducido la controversia al asunto de si pagan o no la luz y el agua.  Desde la comodidad del aire acondicionado y tras el escudo de ser periodista es un mamey quejarse de porqué a ellos no se les cobra por los servicios.  Si tanto se quejan, ¿por qué no se van a vivir a Villas del Sol?, ¿por qué no cambian sus comunidades por los caminos de barro y los mosquitos?  Simplemente, la maldad se agarra de lo que sea para desacreditar a quienes luchan. 

Si el gobierno se cree que va a poder eliminar una comunidad con puercas y “bulldozers” se equivocan.  Villas del Sol y quienes nos solidarizamos defenderemos la vivienda de éstos héroes con todas nuestras fuerzas.  Les garantizo que no se saldrán con la suya fácilmente.

No podemos culminar este discurso, sin tocar la grave situación que enfrenta la clase obrera puertorriqueña, a raíz de la crisis económica y las políticas neoliberales y totalitarias del actual gobierno de turno.

Las  causas de la crisis son producto de la misma dinámica del sistema capitalista.  La voracidad del Capital y su modelo de producción anárquica, crean momentos en donde la producción excede la capacidad de adquisición de bienes de la sociedad.  Hoy, vemos como el gobierno norteamericano envía dinero por correo para estimular el consumo, que no es otra cosa que resolverles el problema de sobreproducción a los capitalistas.

Este problema se agrava en la colonia.  La colonia no tiene modelos económicos propios, es un mero apéndice de la economía imperial.  Por lo que, las crisis del gran capital duran más y son más profundas. 

El gobierno actual se ha aprovechado del debilitamiento de la oposición y de la dispersión de los sectores de izquierda para implantar las medidas que por años los grandes intereses financieros y locales han añorado: desregulación de todo tipo de legislación social y de planificación; reducir el gobierno a un mero facilitador del capital; y, entregar a manos privadas todos los servicios públicos.

Se que ustedes están concientes de lo que estamos hablando.  Sólo quiero mencionar que en el sector público se está viviendo un momento horrible en cuanto a las condiciones de trabajo.  Producto de la nefasta Ley 7, los derechos de los trabajadores públicos y sus condiciones de empleo se han hecho añicos.  El nivel de incertidumbre trasciende las amenazas de despidos.  La Ley 7, junto a las Alianzas Público Privadas, provee para que el gobierno pueda hacer lo que le venga en gana, toda vez que el objetivo de la Ley es derogar cualquier derecho previamente adquirido.  Ante este estado de excepción, en donde la ley que impera es la del mollero, la clase obrera debe responder con determinación y organizarse para responder a estos ataques.

Estas medidas impactan inicialmente a los y trabajadoras públicas, pero su impacto llega al pueblo en su conjunto.  Sólo tenemos que ver el desastre actual en el Departamento de Educación y las escuelas del País.

Finalmente, termino con la mismas palabras que pronuncié en la Conmemoración de la Revuelta Nacionalista en Jayuya, hace ya 4 años.  Necesitamos de gente que se atreva a demostrar su indignación cuando la injusticia asoma la cabeza.  Que no haga falta explicarles por qué hay que estar involucrados en las luchas ambientales, en las luchas de los y las trabajadoras y en tantas otras, evitando ser meros espectadores  Acabemos con el maldito silencio y con la asesina indiferencia.

Por otro lado, debemos acabar con la atomización de las fuerzas revolucionarias.  No hay razón alguna para que un revolucionario no esté organizado en algún espacio de lucha.  Los revolucionarios no pueden ser espectadores de la historia, tenemos que ser parte de ella, para ésto tenemos que unirnos en la acción.  Los revolucionarios tenemos que ser inconformes y dispuestos a hacer lo que sea para transformar la realidad.

No podemos negar que quienes militamos en las distintas organizaciones revolucionarias tenemos una cuota de responsabilidad en torno a la apatía organizativa que nos consume.  Pero esto no puede ser óbice para que rechacemos la máxima de que en la unión esta la fuerza.  La crítica a las organizaciones revolucionarias es bienvenida de donde venga.  Pero sin duda es más efectiva si se hace desde la lucha y no de las gradas.

A riesgo de sonar demasiado proselitista, invito a los presentes a que se unan a nuestras organizaciones, a que se unan a la organización que entiendan que tenga la perspectiva revolucionaria más acertada, pues sólo con la organización podremos adelantar la lucha por la independencia y el socialismo.

La historia no es monolítica ni lineal.  Hoy podremos ser minoría, el imperialismo yanqui podrá parecer indestructible, pero como todo imperio padece de soberbia y subestima a los pueblos que oprime. 

Al igual que el sol, Filiberto nació en el Este y cayó asesinado en el Oeste.  Los yanquis creen que con la muerte de un hombre pueden acabar con los ideales.  Su soberbia imperialista les impide ver que a pesar de la noche siempre hay un amanecer, a pesar de que nos golpearon en el corazón, nuestro pueblo sabrá levantarse y romper las cadenas del coloniaje y la opresión.

¡Viva Puerto Rico libre y socialista!
Muchas gracias.